Hace unos días tuvo lugar el desfile de Valentino en la Bibliothèque Sainte-Geneviève de París. La invitación sugería a los asistentes llevar un libro nuevo o de su propia librería, con el objetivo de donarlos a las bibliotecas locales.

Para crear la colección Primavera-Verano 2027, su director creativo, Alessandro Michele, se preguntó si el valor de un vestido debería medirse únicamente en función de su uso. La respuesta la encontró en “El cisne negro” donde el autor, Nassim Nicholas Taleb, entendía por “antibiblioteca” esa «forma de capital cognitivo potencialmente inagotable que mantiene abierta la posibilidad de nuevos descubrimientos”.

La idea del autor surge al observar la biblioteca de 30.000 libros de Umberto Eco, en la que “los libros no leídos son más valiosos que los leídos”, con todas sus historias aún por descubrir, lugares todavía sin visitar y personajes sin habitar.
Una colección llamada “Antibiblioteca”, con trajes que solo se pondrán unos pocos. Espero que esos libros sean leídos por muchos y unos y otros mantengan abierta la posibilidad de nuevos descubrimientos.
En cualquier caso, una biblioteca siempre es un buen escenario y un libro un mejor refugio, lo hayamos leído o no.

















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