«Yayoi Kusama», la artista que convirtió lunares en arte

Yayoi Kusama pintaba lunares de colores en cada objeto y textura que tocaba. Los esparcía por donde pisaba, con su imaginación, creando obras de arte e instalaciones de universos y espacios infinitos.

Antes de ser una artista consagrada, Kusama empezó repitiendo puntos y redes de forma obsesiva. No eran motivos decorativos, nacían de sus visiones de la infancia y acabaron construyendo un lenguaje propio de formas sinuosas y líneas ondulantes. Una especie de código morse indescifrable. Y su obsesión se convirtió en uno de los iconos más reconocibles del arte contemporáneo.

Ya lo decía Kandinsky: «El punto es la más pequeña forma elemental y la línea, el trazo que deja un punto al moverse». Con puntos y líneas se puede crear un universo.

En Nueva York sus ideas se desbordaron sin límite. Puntos de formas y colores diferentes, líneas en forma de espiral, laberintos de espejos y luces que provocaban efectos ópticos, hacían desaparecer paredes y multiplicaban cuerpos y espacios en sus Infinity Mirror Rooms.

Tuve la suerte de asistir a una magnífica exposición de Kusama en Oporto y fue una experiencia inolvidable. Sus lienzos, audiovisuales, esculturas e instalaciones envolventes te invitaban a meterte en ellas, a desorientarte, a salir de tu yo, a buscar y no querer encontrar una salida, como si de un juego de niños se tratara. Puntos transformados en lunares, pelotas convertidas en calabazas, formas vegetales y animales…

A sentir que el universo es infinito y cada uno de nosotros un punto en el espacio. Podemos repetirnos en serie, pero tenemos la capacidad de romper esa impuesta monotonía y convertirla en algo diferente, en una explosión de color o en magia incandescente. DEP Yayoi Kusama.

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